El etanol de agave podría mover nuestros vehículos en un futuro cercano
Nos encontramos en una carrera por encontrar un sustituto a los combustibles fosiles, para lograrlo se ha investigado bastante el uso de biocombustibles. Una de las maneras ha sido el análisis de las consecuencias que han tenido para los espacios naturales las plantaciones dedicadas a la producción de biocombustibles. Las selvas del suroeste asiático han sido en parte destruidas por este motivo, al igual que la Amazonía. Lo más grave es que al ser humano, cuando cada día conduce su automóvil no parece importarle lo más mínimo. Hay que tener mucho cuidado a la hora de desarrollar sistemas y cultivos para producir biocombustibles.
El problema fundamental es que el rendimiento de la fotosíntesis es muy bajo (un 1%) y se necesita mucha área cultivada para producir todo o parte del combustible que necesitamos. El rendimiento de las células solares comerciales más sencillas es más de diez veces superior al rendimiento de las plantas. Pero las plantas tienen la ventaja de crecer solas y no necesitan ningún tipo de confección. Se plantan, se riegan y ya está, o casi.

Una manera de impedir desastres es convertir en biocombustible los desperdicios que de otra manera se tirarían a la basura, en lugar de hacer plantaciones dedicadas a este propósito. Es el caso de los aceites de freír de los restaurantes, que pueden ser convertidos en biodiésel una vez usados. O los desperdicios del procesado de la madera también podrían ser convertidos en bioetanol.
Otro modo de solucionar el problema es usar tierras que no tengan mucha utilidad comercial, como las desérticas. Hay plantas adaptadas a esas condiciones tan hostiles que no necesitan nada más que unas pocas gotas de lluvia al año y ya está. ¿Puede alguna de esas plantas ser rentable para la producción de biocombustible? (más…)










